martes, 17 de mayo de 2011

Los grandes están en deuda

Mis primeros recuerdos como fanático futbolero se remontan a 1992. Ese año, luego de haber ido a muchos partidos en el Lolo, la "U" se proclamó Campeón Nacional en ese viejo estadio de madera -recuerdo partidos de algún año anterior, pero esa campaña me marcó para siempre-. Hay hinchas que nacen con la camiseta puesta -por influencia familiar, como es mi caso-. Otros se hacen de un equipo con el tiempo. Muchos dirán que es mejor hacerse hincha del equipo que uno decida y no por imposición, pero a mí me da igual. Fue así que, enfundado en esa camiseta crema desde el día en que nací, fui conociendo a ese equipo del cual, sin saberlo, me hacía cada vez más y más fanático: me encantaba estar en la tribuna, disfrutaba viendo al puma haciendo gala de la histórica Garra Crema, sufría y lloraba cuando perdíamos, mi semana era feliz si el equipo ganaba, y la rabia me desbordaba cuando un aliancista se mofaba de la derrota crema. Porque un equipo necesita un antagonista, un rival acérrimo para ser grande. Parece que, en el fútbol, no tiene sentido competir si no hay de quién burlarse cuando se gana. Universitario y Alianza son eso, son los grandes del fútbol peruano: son los equipos que mueven al pueblo, generando un fanatismo inconmensurable, rayando a veces en lo ridículo. Son polos opuestos: dicen que los orígenes de Alianza se remontan a un ambiente popular, en una caballeriza, mientras Universitario se fundó en las Aulas de San Marcos; al hincha crema le importa que el jugador deje la piel en la cancha, el grone necesita que su equipo juegue bonito; la "U" es el equipo de la Garra, Alianza el del toque y la elegancia.

Pero hay algo que, desde que tengo uso de razón, ha sido inherente a ambos clubes: ya son muchos los años en que los diarios peruanos hablan, además de los temas futbolísticos de todos los días, sobre los problemas económicos de ambos ¿grandes? del fútbol peruano. Lo triste es que, año tras año, la cosa va a peor. Los malos manejos dirigenciales y un enfoque erróneo sobre la gestión de un club que mueve masas, ha llevado a ambas instituciones a una situación que se acerca peligrosamente al abismo, al punto sin retorno. Ya no son sólo las deudas con jugadores -actuales y de planteles anteriores-, ya no es sólo la sombra de la pérdida de puntos por deudas, los problemas en los estadios por falta de pago de servicios, empleados impagos, etc etc. Ahora aparece la amenaza, cada vez más cercana, de la pérdida de patrimonio.

De darse ese caso, no habrá marcha atrás. Si Alianza pierde Matute, si la "U" pierde Campo Mar, se habrá consumado el fracaso de un modelo totalmente obsoleto de gestión de un club de fútbol, debido a la estrechez de mente de cientos de socios reacios al cambio y la codicia de unos pocos privilegiados que, una vez llegados al poder, no pudieron controlar esas, inherentes al ser humano, ganas de meter uña, de quedarse con una tajadita, y que poco a poco han ido llevando a estos clubes a una situación extrema, aunque, increíblemente, aún haya algunos que no lo quieren ver.

¿La "U" es más grande que sus problemas? Que se lo expliquen a la Sunat.

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