jueves, 10 de abril de 2008

Te vas .. te vas .. te vas !!

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El cuento llegó a su fin, los quince minutos de ira de Mario Leguizamón le costaron la salida de la institución santa. Aquellas declaraciones ofensivas para con la arbitro Silvia Reyes, pasando por las que aseguraba que el fútbol peruano era de lo mas mediocre --cierto es, pero…¿él quien es para juzgarlo?-- y apenas terminaba su contrato “se largaba” pusieron el punto final de la historia. Finalmente se termino “largando” y por la puerta falsa, como un mequetrefe que jamás logró nada, como la eterna promesa del fútbol uruguayo que jamás llego a ser, desde aquel sudamericano sub 20, hasta este patético presente que lo encuentra sin equipo y con un ego que no le sirve de absolutamente nada más que de adorno.

Sin duda, y tal como lo expusimos en un post anterior, Mario Leguizamón era, sin temor a equivocarnos, uno de los mejores extranjeros del medio, a pesar de su desidia, representaba el buen fútbol de la San Martín. Pero ¿en qué momento este trastornado pigmeo tatuado decidió autodenominarse el termómetro de nuestro fútbol? ¿Qué pasó por su cabeza para decidirse capaz de opinar sobre el fútbol que le viene dando de comer el último año y medio?

Leguizamón es un tipo complicado, salió con problemas de casi todos los equipos donde estuvo, es un jugador díscolo, conflictivo, engreído y esta vez pecó de pedante, en lo que probablemente fue un exabrupto que resulta imperdonable. La San Martín demostró nuevamente que es un equipo serio, y que pretende hacer respetar ciertos cánones de comportamiento en sus jugadores, que sirva de ejemplo para Chiquitos, Kukines, Ccahuanticos y otros tantos nombres que pululan por el mundo futbolístico y que creen que cada vez que tienen un micrófono al frente pueden decir lo que les parece sin asumir las consecuencias.

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