viernes, 18 de febrero de 2011

Camp Nou


Para jugar al fútbol sólo necesitas unos cuantos amigos –o enemigos- y una pelota –de trapo hecha por tu abuela, o una Adidas de 400 dólares inflada con gas-. Y puedes poner dos piedritas en la pista... o jugar en el Camp Nou. El fútbol tiene unas cuantas, y no pocas, catedrales repartidas por el mundo. Canchas que todo fanático futbolero sueña con conocer alguna vez: Anfield Road y la hinchada del Liverpool, la Bombonera, Wembley, el Maracaná, el Bernabeu, Old Trafford... Hace unos días pude ir a Barcelona y planeé el viaje para que coincidiera con un partido del Barça.
A medida que llega la hora del partido te vas emocionando más y más. El Barcelona – Almería, semifinal de la Copa del Rey, estaba programado para las 22 horas. Como buen futbolero sudamericano, le dije a mis amigos: “salimos de la casa a las 8 más o menos, no?” La carcajada fue generalizada. “Con salir a las 9:15 llegamos bien.” A las 9:40 estábamos en nuestro asiento, y sin hacer filas ridículas controladas por policías acomplejados. A las 10 en punto comenzó el partido. Ahí estaban Messi, Xavi, Iniesta, Villa... Guardiola daba indicaciones al borde del mítico Camp Nou. Pero algo me llamó la atención: el estadio se veía medio vacío, con muchas butacas libres en las tribunas. El frío (4ºC) y la poca importancia del rival (aún siendo la semifinal de Copa) disuaden a los hinchas de pagar por una entrada, supuse. Aunque sea el Camp Nou, aunque sea el mejor equipo de la historia del fútbol.
Al final del encuentro la enorme pantalla luminosa indicaba: “Hoy somos 49 800 culés”. Normal que lo viera vacío... estaba al 50% ¡! Y yo pensaba en este partido desde hacía dos meses... El Barça juega en el Camp Nou cada semana desde hace 54 años. La gente ya estará aburrida.



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